México: Mujeres migrantes y violencia doméstica, historias de empoderamiento

Hna. Raquel Hernandez CMS, Hermana Misionera Comboniana de México.  La Hna. Raquel ha trabajado con personas sin hogar, niños, jóvenes y huérfanos en Glasgow, Escocia y Zambia, así como con migrantes y refugiados en México, donde promueve la resiliencia personal y colectiva de las mujeres migrantes. Actualmente, la Hna. Raquel trabaja en el “Refugio Hospitalidad y Solidaridad” en Tapachula, Chiapas, México, como Coordinadora del Área de Acompañamiento Integral, atendiendo las necesidades de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.

 

En los últimos años el flujo de mujeres migrantes solas o con acompañantes ha incrementado considerablemente.  Cuando comparten sobre lo que les ha motivado a dejar su lugar de origen los factores se repiten constantemente. Una variedad de violencias padecidas en sus hogares, desde la niñez hasta la vida adulta de carácter físico, emocional, sexual, material o simbólico, en algunos casos todas juntas. La existencia de pandillas que las acechan, la lucha por la supervivencia, los empleos precarios, el patriarcalismo, los desastres naturales, entre otros, han deteriorado el tejido social comunitario y familiar, forzando a las mujeres y sus hijos al desplazamiento forzado y desprotegido. Según datos estadísticos del ACNUR al menos 79.5 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares. Las niñas y mujeres refugiadas representan aproximadamente el cincuenta por ciento del total de la población refugiada, apátrida o desplazada internamente, y son más vulnerables las mujeres no acompañadas, embarazadas, jefas de hogar, discapacitadas o adultas mayores.

Rebeca una mujer migrante centro americana cuenta:

“El papá de mis dos hijos mayores fue a prisión y me quedé sola con ellos. Fuimos con mi mamá quien tenía un pequeño negocio y me ayudaba, pero al poco tiempo lo tuvimos que cerrar y cambiamos de colonia porque no teníamos dinero para pagar la renta de piso que cobran las pandillas. Viéndome en necesidad, una amiga me consiguió un préstamo con un conocido para poner un puesto de comida, y me fue muy bien. Yo soy trabajadora, me esfuerzo por hacer las cosas bien y he sido buena para los negocios. Pero, todo cambió cuando el hombre que me prestó el dinero me dijo me gustas y vas a ser mi mujer. Le dije que no, que apenas nos conocíamos, y me dijo: si no vienes a vivir conmigo voy a matar a tu madre, que ya sé dónde vive. Bajo sus amenazas no me quedó más que acceder e irme con él. Y, descubrí que era un alto jefe de una pandilla muy peligrosa. Me hablaba siempre con insultos, me humillaba, me golpeaba y obligaba a tener relaciones sexuales con otras personas. Su mamá y su hermana también me insultaban y me decían que si me maltrataba era porque me lo merecía. Tenía mucho miedo, vi y oí cosas muy feas. Quedé embarazada y no quería que mis dos niños y el bebé que venía en camino vivieran ahí. Intenté escapar, pero él me encontró, me llevó de vuelta a su casa y me golpeó, estando embarazada. Unos meses después que nació el bebé me armé de valor y un día que estaban descuidadas su mamá y hermana salí corriendo con mis hijos, gracias a Dios iba pasando un taxi, me subí y fui a casa de una tía. Me dio dinero y me dijo vete lejos donde no te encuentre. Estaba todo cerrado por la pandemia, tenía miedo que las fronteras estuvieran cerradas, pero gracias a Dios no sé cómo, llegue hasta acá. Agradezco a todas las personas de las distintas organizaciones que me están ayudando. Sólo deseo estar en un lugar seguro, donde pueda iniciar una nueva vida con mis hijos a quienes amo.”

Rebeca y sus hijos, con la ayuda de ONG´s, Organismos Internacionales e Instituciones Gubernamentales, obtuvieron la condición de Refugiados y se trasladaron a otra ciudad más segura donde continúan siendo acompañados.

Durante su movilidad internacional, gran parte de las mujeres y niñas migrantes corren peligro de sufrir violencia sexual por parte de las bandas delictivas, crimen organizado, traficantes de personas u otros migrantes; homicidios, desapariciones forzadas, secuestros, extorsiones y violaciones a los Derechos Humanos. Se utiliza la violencia sexual y la extorsión para aterrorizar a las mujeres y a sus familias.

Si bien, la experiencia de migrar puede ser peligrosa y difícil, hemos notado que durante el proceso, la mayoría de las mujeres migrantes, cultivan recursos personales para confrontar la adversidad, adaptarse y acceder a una vida significativa y productiva.

Los albergues y organizaciones defensoras de migrantes además de brindar seguridad, comida, aseo personal, ropa y atención médica, están siendo espacios de contención emocional y para fortalecer la resiliencia. Son un lugar apto para el intercambio de información y formación sobre los riesgos en el camino, los servicios y derechos que las personas migrantes tienen en territorio mexicano.

Algunos de los mecanismos de resiliencia que se han identificado es la formulación de redes de apoyo que probablemente en el inicio de su viaje no existían y en la medida que van haciendo el camino crean alianzas y afinidades con otras personas. Desarrollan estrategias que les ayuden a generar perseverancia y sentido a su camino. Muchas, reconocen sus saberes culinarios y en temas de belleza entre otros, que podrían usar como fuente de ingresos en el lugar al que se dirigen.

Para las mujeres migrantes, su fe y religiosidad es parte importante de su vida, esto debido a que ayuda a dar significado profundo a las situaciones, muchas veces dolorosas, que están viviendo y dar soluciones a la vida.

Quisiera concluir con una frase que compuso un grupo de mujeres migrantes latinoamericanas en la conmemoración del día internacional del refugiado:

“El miedo me impulsó a convertirme en ave. Para ser libre de muchas cosas que duelen. Volar a un lugar donde no haya violencia y crear un mundo donde seamos respetadas y valoradas para tomar nuestras propias decisiones. Tener un lugar digno para amar, ser escuchada, ser portadora de paz y tranquilidad. ¡Vivir y no sobrevivir!”

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